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Fefita, la enfermera

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Magalys Chaviano Feb. 25, 2020 Historias 179 0

A María Josefa León Fernández la conocí mientras acompañaba un enfermo en la Unidad de Cuidados Polivalentes del Hospital General de Cienfuegos. Es enfermera, vive en Cruces, y hace 37 años trabaja en el mismo lugar, si cuenta el tiempo de estudio; yendo y viniendo en “botella”, como decimos en buen criollo, hacia y después de una guardia.

La observé todo el tiempo y admiran su destreza y habilidades en el cuidado de pacientes graves. No fue hasta la mañana siguiente, transcurridas 10 horas de mi novata estancia en ese sitio, que supo era periodista y casi se niega a conversar para una publicación. Pero ya a esa hora yo la llamaba Fefa, y era imposible negarse.

“¿Algo que contar?”, responde con una interrogante a mi pregunta, mientras baña a un paciente, que es requisito obligatorio allí apenas despunta el día; de modo que tengo que asirme a sus comentarios por estar ocupada. Esta mujer no es enfermera, es casi una máquina. Asombra realmente la experiencia que acumula en el manejo a los enfermos. Dura y cariñosa al mismo tiempo, tal como debe ser.

“Han pasado tantos por mis manos, pero te digo, lo más duro es cuando llega alguien joven, tras un accidente. Eso duele mucho, y aquí se hace hasta lo imposible por salvar vidas”, dice y sus palabras se entrecortan. Fefa es licenciada, a fuer de sacrificios, porque proviene en sus inicios de un curso básico. Pero, qué va, para ella no hay dificultades, resulta una luchadora nata.

“Tengo dos hijas y un nieto, que son mi vida. Cuando me toca trabajar por la mañana me levanto a las 5:00, y ya a las 6:00 estoy en el ‘punto’ para venir a Cienfuegos. Me encuentro a muchos que fueron pacientes o a sus familiares en la carretera, y entonces ellos se convierten en mis salvadores, tanto como una vez lo fui yo. Ayer mismo vine con uno, y me trajo hasta el mismo Hospital”.

Cerca de 60 kilómetros, cuenta total de ida y vuelta, debe andar esta enfermera cada día que está de guardia, pero insiste en trabajar en la Terapia Intensiva.

“Los más cercanos a mí me dicen que me vaya para Cruces, que estaré más cómoda, dejaré los viajes, las noches…, y aunque lo he pensado, sería como dejar atrás un pedazo grande de mi vida. Pertenezco a este lugar”.

Pero una vez Fefa se fue lejos, hasta Venezuela, al estado de Aragua. Allí trabajó en un Centro de Diagnóstico Integral en la urbanización de Caña de Azúcar, en Maracay: “Era como estar en Cuba, porque también trabajé en Terapia Intensiva. Fue un trabajo duro que dejó recuerdos inolvidables. No tenía que viajar como acá, pero extrañé mucho a los míos”.

Le comento que este año está declarado por la Organización Mundial de la Salud como el Internacional de la Enfermería, en honor a Florence Nightingale, precursora del oficio, y que cumple su bicentenario, para indagar cuán importante lo considera en complemento a la relación médico-enfermero.

“Ellos no son nada sin los enfermeros, y nosotros no somos nada sin ellos”, me dice. Aprovecha para un aseo personal rápido, pide excusa unos minutos a los acompañantes. Se queda alguien por ella en el cubículo, y regresa acicalada, con su talla rosa, el pelo rubio peinado, algo de maquillaje, para entregar la guardia presentable. Nadie viéndola podría asegurar que se mantuvo despierta toda la noche, chequeando los signos vitales, cumplimentando con los medicamentos, observando los sueros, escribiendo… y no supo que yo era periodista hasta media hora antes de entregar la guardia. Que nos acompañen más en la brega diaria enfermeros como Fefa, natural, sacrificada, dura, pero cariñosa y profesional.

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