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Carbón, muerte y zapatos blancos

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Magalys Chaviano Abr. 19, 2019 Historias 144 0

El aire toma forma de tornado / y en él van amarrados / la muerte y el dolor…

 

Esta es la historia una y mil veces contada por Nemesia Rodríguez Montano, una niña cenaguera que contaba 13 años, cuando se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón. “Los recuerdos están muy frescos, es increíble, 50 y tantos años después, ver morir a mi madre y caer herida a parte de mi familia, fue muy fuerte, y fíjate que  para entonces no entendía ni la mitad de las cosas que los muchachos de hoy a esa edad”.

Ha transcurrido mucho tiempo, sin embargo, las lágrimas aún corren por sus mejillas. “La historia de los zapaticos blancos es bien cierta, pero fue Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, reportero en Girón, quien la descubrió. Allá quedaron tirados, llenos de huecos en la cama del camión, manchados de sangre, y entonces él los tomó, y salió a buscar a la dueña hasta encontrarme en el hospital”.

Una columna oscura se levanta / y los niños se arrancan / los juegos de un tirón

 

 “Lo más triste y doloroso fue que desde los aviones veían que éramos niños y familias, evacuados, y así mismo nos bombardearon. Incluso estábamos saludando porque llevaban la bandera cubana, no pensamos en peligro alguno. Luego supimos era un B-26. Mis anhelados zapatos blancos fueron las primeras víctimas. Ese fue el último día que fui niña, tuve que crecer después de eso, sin tener a mi madre”.

 

Abuela tus tijeras son rurales / y cortan otros males / pero este viento, no

 

 “Mi abuela vivió algunos años más, atada a un sillón de ruedas, en cambio mi madre murió casi al instante, la velamos allí mismo en Jagüey Grande, adonde fuimos evacuados. Desde entonces, mi familia quedó herida, figúrate, huérfanos de madre. Por eso no me canso de contar esta historia, para los que no conocieron esos días y tienen que vivir estos, tengan presente lo que son capaces de hacer los mercenarios por salirse con la suya”.

 

Con la muerte, todas las cosas ciertas / grabaron una puerta / en el centro de abril

 

  Y resultó una elegía a unos zapatos blancos, al carbón y a la muerte, que un día se apoderó de la Ciénaga de Zapata, pero ahí está Nemesia, quien continúa narrándola, para que nunca más tengamos carboneras sin zapatos.

 

ELEGÍA DE LOS ZAPATICOS BLANCOS

De Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí

Vengo de allá de la ciénaga,
del redimido pantano.
Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto.

Oídme la historia triste
de los zapaticos blancos...
Nemesia -flor carbonera-
creció con los pies descalzos.
¡Hasta rompía las piedras
con las piedras de sus callos!

Pero siempre tuvo el sueño
de unos zapaticos blancos.

Ya los creía imposibles.
¡Los veía tan lejanos!
Como aquel lucero azul
que en el crepúsculo vago
abría su flor celeste
sobre el dolor del pantano.

Un día, llegó a la ciénaga
algo nuevo, inesperado,
algo que llevó la luz
a los viejos bosques náufragos.

Era la Revolución,
era el sol de Fidel Castro,
era el camino triunfante
sobre el infierno de fango.
Eran las cooperativas
del carbón y del pescado.

Un asombro de monedas
en las carboneras manos,
en las manos pescadoras,
en todas, todas las manos.
Alba de letras y números
Sobre el carbón despuntando.

Una mañana... ¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando.
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
de un pretérito descalzo.

¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes... ¡despertó
bajo cien truenos de espanto!

Sobre su casa guajira
volaban furiosos pájaros.
Eran los aviones yanquis,
eran buitres mercenarios.

Nemesia vio caer muerta
a su madre. Vio
sangrando a sus hermanitos.
Vio un huracán de disparos
agujereando los lirios
de sus zapaticos blancos.

Gritaba trágicamente:
¡Malditos los mercenarios!
¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
¡Ay, mis zapaticos blancos!

Acaso el monstruo se dijo:
Si las madres están dando
hijos libres y valientes,
que mueran bajo el espanto
de mis bombas. ¡Quién ha visto
carboneros con zapatos!

Pero Nemesia no llora.
Sabe que los milicianos
rompieron a los traidores
que a su madre asesinaron.

Sabe que nada en el mundo-
-ni yanquis ni mercenarios-
apagarán en la patria
este sol que está brillando,
para que todas las niñas
¡tengan zapaticos blancos!

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